Aceitito rico que te mueres

“Primero los campos se tiñen de verde brilloso, eso es que los árboles están car-

gados de fruto. Algunos se van inclinando con el peso del tiempo. La recogida de la aceituna, a menudo manual, es casi un acto ritual, lleno de respeto por la tierra y por quienes han aprendido a leerla. Después, el fruto es llevado a la almazara, donde el olor se intensifica. El estruendo de las máquinas que prensan convive con el silencio.

Cada gota lleva el esfuerzo de muchas manos, la historia de una geografía y el alma de una cultura. El sabor tiene matices que hablan de suelo, de clima y de cuidados de los que saben que allí nace algo puro.”

Jasone Merino